La iniciativa de Abdalá II se plasmó en el calendario internacional como una semana dedicada al diálogo entre creyentes de distintas tradiciones. El rey convocó un concurso de las mejores actividades y, según el muftí Said Ismagilov, los organizadores ucranianos obtuvieron el tercer premio. Los dos primeros puestos fueron para países donde los eventos fueron de mayor escala. Para Ucrania, donde en una misma ciudad pueden convivir parroquias de varias iglesias, mezquitas, sinagogas y comunidades protestantes, participar en ese concurso era más un reconocimiento a una práctica ya consolidada que un intento de empezar el diálogo desde cero.
Debido a la cuarentena, muchos encuentros se celebraron en línea y la semana se prolongó casi un mes. La pandemia de coronavirus, que a principios de 2021 ya llevaba más de un año marcando el ritmo de la vida pública, hizo casi inaccesibles los formatos presenciales. Los organizadores tuvieron que reestructurar el programa: en lugar de salas y asambleas parroquiales hubo transmisiones de video, debates por internet y mensajes grabados. Los resultados se presentaron sin la habitual atmósfera presencial, pero con una audiencia más amplia, que pudo conectarse desde cualquier región del país.
Quiénes intervinieron en la rueda de prensa
Uno de los iniciadores de la semana fue el obispo Sergio (Vutyanov), representante de la Iglesia Ortodoxa Apostólica en Ucrania y presidente del Consejo Panucraniano de Asociaciones Religiosas. La trayectoria de este sacerdote está ligada a los acontecimientos del Maidán: en enero de 2014, siendo entonces párroco de la comunidad de Kiev, llevó a la plaza los iconos de la comunidad. Cuando el 19 de febrero de 2014 se incendió la carpa-iglesia, los iconos pudieron salvarse. Esa experiencia de trabajo en las condiciones más tensas explica por qué precisamente a él se le confió representar a las comunidades en las plataformas interreligiosas.
En la rueda de prensa también intervinieron los expertos en religión Liudmyla Filipovych e Ígor Kozlovsky, la presidenta del consejo Alla Baránova, Andréi Yurash, del Secretariado del Gabinete de Ministros, y Viacheslav Gorshkov, del Servicio Estatal de Ucrania para la Etnopolítica y la Libertad de Conciencia. La presencia de representantes de estructuras estatales mostraba que las cuestiones de relaciones interconfesionales en el país se consideran no solo un asunto interno de las organizaciones religiosas, sino también parte de la política estatal.
La conclusión más precisa, según muchos participantes, fue la que señaló dónde está la verdadera frontera de los conflictos. Ismagilov dijo: «Buvaye, shcho poslidovnyky riznykh Tserkov, upravlin ne mozhut znayty spilnu movu u mezhakh svoyeyi konfesiyi». La frase sonó como un reconocimiento de que las principales dificultades surgen no en la confluencia de religiones, sino dentro de ellas, entre parroquias, administraciones y dirigentes de una misma tradición.
Lenguaje de odio y discrepancias internas
Kozlovsky habló del lenguaje de odio, es decir, de aquellas palabras e imágenes con las que creyentes y figuras públicas pueden avivar la tensión incluso sin enfrentamientos reales. Según su lógica, es precisamente el lenguaje, y no las diferencias teológicas, lo que con mayor frecuencia convierte una disputa interna en un conflicto público. Los participantes coincidieron en que la paz entre religiones en Ucrania ya existe, pero el acuerdo dentro de cada una de ellas es mucho más difícil de conseguir.
Las discrepancias internas en la ortodoxia ucraniana no eran un tema abstracto. En diciembre de 2015, en un concilio de unificación en Kiev se creó la Iglesia Ortodoxa Autocéfala en Ucrania, y Stefan (Negrebetsky) se convirtió en su metropolita. A ello precedió un cisma: en noviembre de 2015, el metropolita Oleg (Vedmedenko) y el obispo Vladímir (Mocharnik) anunciaron la creación de la Iglesia Autocéfala No Canónica Ucraniana, tras lo cual el Sínodo de la Iglesia Ortodoxa Apostólica en Moscú los liberó y encargó la convocatoria del concilio a Stefan. La unificación de distintas comunidades en una sola estructura exigió grandes esfuerzos de la dirección.
El proceso continuó después. En junio de 2019, el concilio de la iglesia adoptó un nuevo nombre, Iglesia Ortodoxa Autocéfala Ucraniana, y se anexó la jurisdicción del arzobispo Lorenzo, de Italia. En ese mismo concilio se aprobó una declaración de 12 puntos que definía sus objetivos y su organización. Esta experiencia demostró que la unidad interna de una iglesia no se logra de una vez y para siempre y requiere un trabajo constante sobre las reglas, la estructura y la confianza mutua entre las comunidades.
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