Según Desnitski, para él «Pravmir» es, por un lado, un sitio donde escribe artículos con regularidad y, por otro, personas a las que califica de extraordinarias e interesantes. Señaló que no llegó a conocer a Anatoli Danílov y expresó su esperanza de que el encuentro pueda tener lugar en un mundo mejor.
Desnitski subrayó que «Pravmir» no es un «success story» en el sentido occidental, cuando alguien empieza vendiendo cajas de cerillas y luego se convierte en magnate. En su formulación, es «una historia asombrosa de haber llegado al lugar adecuado, en el momento adecuado, con las ideas adecuadas».
Sobre la idea de una publicación ortodoxa no oficial
Recordó que en los albores del proyecto muchos, incluido él mismo, hablaban de lo deseable que sería un periódico o una revista que fueran ortodoxos pero no oficiales —ni patriarcales, ni diocesanos, ni parroquiales— para que la gente pudiera intercambiar opiniones y noticias. Sin embargo, según sus palabras, esos mismos se interrumpían enseguida: «Eso no va a existir. Nadie va a poder con ello». Desnitski observó que la gente se puso manos a la obra y pudo con ello, y surgió un fenómeno único para la Rusia contemporánea.
Sobre la libertad y el debate
Desnitski reconoció que existen otros buenos medios, pero «Pravmir», a su juicio, es único en su género. Caracterizó el sitio como absolutamente libre en la medida en que se puede ser libre teniendo buenos frenos internos: allí, según él, no hay censura, ni marcos impuestos, ni partidismo, distintas personas expresan su opinión y hay un debate vivo y un intento de relacionar el mundo que nos rodea con la fe cristiana y la tradición ortodoxa.
Contó que en su momento dudó si escribir para «Pravmir» y ahora dice: «me siento feliz de haber acabado en un lugar tan extraordinario».
Un deseo para el futuro
Para terminar, Desnitski citó el deseo hebreo «¡Hasta los 120!», que se dice al homenajeado dando por sentado que la gente no vive más. Dado que «Pravmir», según sus palabras, no es una persona y puede existir mucho más tiempo, sus deseos son «hasta los 240, los 360, y luego ya veremos».
1




