Religión

Muere Gleb Yakunin: el sacerdote que desafió al patriarcado y al poder

Por · · 5 min de lectura

El 25 de diciembre de 2014 falleció en Moscú, a los 81 años, el sacerdote y defensor de los derechos humanos Gleb Yakunin. Así lo informó a TASS el líder del movimiento «Por los Derechos Humanos», Lev Ponomariov.

En noviembre, Yakunin fue hospitalizado en estado grave. Los médicos lograron sacarlo del coma, es decir, de un estado de inconsciencia prolongada, y recuperó el conocimiento. Los activistas que durante muchos años apoyaron al sacerdote hicieron un llamamiento para recaudar fondos para su tratamiento y rehabilitación. No llegó a recuperarse.

La trayectoria de Yakunin abarcó casi toda la historia de las relaciones entre la Iglesia y el Estado en la segunda mitad del siglo XX. Fue sacerdote del Patriarcado de Moscú, la misma institución que en la época soviética existía bajo un estricto control estatal y rara vez hablaba de la persecución de los creyentes. Precisamente por eso, la carta abierta al patriarca sobre la persecución de los fieles sacaba la conversación sobre la situación de la Iglesia de los muros de las instituciones eclesiásticas. Fue un paso difícil de conciliar con la cautela habitual de la jerarquía en sus relaciones con el poder.

Defensa de los creyentes y encarcelamiento

El Comité Cristiano para la Defensa de los Derechos de los Creyentes, que él fundó, se dedicaba a ayudar a las personas perseguidas por su actividad religiosa y a documentar las violaciones de sus derechos. Para el sistema soviético, esa labor era un desafío, pues el Estado estaba acostumbrado a considerar la vida religiosa un asunto que debía transcurrir bajo vigilancia y sin debates públicos. Yakunin acabó recluido en un campo de trabajo, como muchos disidentes de la época. El campo, en la práctica soviética, era un lugar de internamiento forzoso de condenados, donde las condiciones de vida eran duras y el contacto con el mundo exterior, limitado.

Más tarde formó parte de los diputados del primer parlamento democrático del país. Fueron años en que el sistema soviético ya perdía su antigua solidez y las elecciones por primera vez daban a la gente la posibilidad de elegir no solo entre listas confeccionadas de antemano. Para un sacerdote que durante años se había pronunciado contra las restricciones, la participación en la política fue la continuación lógica de su labor anterior.

Privación del sacerdocio y anatema

En 1993, Yakunin fue privado de su rango sacerdotal. Esto significaba que ya no podía celebrar oficios religiosos ni administrar sacramentos como clérigo. En 1997 fue anatematizado. En la tradición ortodoxa, el anatema es una maldición eclesiástica formal y la excomunión de la comunión con la Iglesia, y tal decisión la toma la autoridad eclesiástica. Para un hombre que toda su vida se había llamado sacerdote, esta ruptura fue especialmente dolorosa.

Los últimos quince años los dedicó al movimiento por la renovación de la ortodoxia. Este cristalizó en la Iglesia Ortodoxa Apostólica. Los movimientos renovacionistas en la ortodoxia se han planteado históricamente la tarea de reformar la vida eclesiástica, hacerla más abierta a la sociedad y más independiente del poder estatal. Los partidarios de tales ideas hablaban de la necesidad de autonomía de las iglesias locales, y el tema de la autocefalia, es decir, el autogobierno de una iglesia concreta, seguía siendo uno de los más candentes en el mundo ortodoxo.

Años de nacimiento y últimas semanas

La fecha de nacimiento de Yakunin difiere según las fuentes: se citan 1934 y 1936. En la nota sobre su muerte se indica el año 81 de vida, y fue precisamente esta formulación la base de la mayoría de las publicaciones sobre su fallecimiento. La discrepancia afecta no solo a la biografía formal, sino también a la comprensión de cuán temprano comenzó su camino en el ámbito eclesiástico y cuánto duró su actividad pública.

Las últimas semanas de Yakunin transcurrieron en el hospital. Los activistas que lo conocían por su labor en defensa de los derechos humanos recaudaron fondos para su recuperación, confiando en que, tras salir del coma, podría someterse a una rehabilitación completa. Esos esfuerzos resultaron insuficientes: el estado del sacerdote no mejoró lo bastante como para devolverle la posibilidad de volver a su vida anterior. Falleció en Moscú, y con él terminó la historia de uno de los sacerdotes más destacados que se pronunciaron por los derechos de los creyentes en la época soviética y postsoviética.

1Visitas

Arthur Ellington

Fotografía: Иллюстрация Maralles, создана с помощью ИИ